viernes, mayo 26, 2006

Crítica: "Memorias de Adriano"

Director: Maurizio Scaparro
Intérpretes: Joan Boix, Jose Sancho, Lola Moltó, Juan Mandli, Juli Antoni García, Matías Marré, Estela Plantón, Ana Conca


Le damos un 8

Hay actores ligados a personajes de por vida como Lola Herrera a la Carmen de Cinco horas con Mario y José Luis Gómez a Pedro el Rojo, de Informe para una Academia, por mencionar dos capítulos recientes de nuestra memoria escénica. A esa lista sumamos el nombre de José Sancho como el emperador Adriano.

El valenciano atrapa toda nuestra atención sobre un escenario despojado de elementos superfluos. Sancho es Adriano no sólo en su aspecto físico, sino también por su voz que encumbra la palabra, su don más preciado. Ella es, con toda su fuerza, la protagonista de este soliloquio aderezado con cuadros que amenizan la entretenida charla que se marca con nosotros el dueño del cerebro que gobernó el mundo conocido en el siglo II de nuestra era.

A merced de sus recuerdos, bailan las sombras del pasado de un ilusorio personaje en un utópico retrato de la sociedad dibujado por Marguerite Yourcenar porque, no lo olvidemos, el Adriano que nos habla es uno que ya ha pasado por las vicisitudes del convulso siglo XX.

Reflexiones sobre política que se extrapolan al panorama actual, visiones del teatro dentro del teatro y lección de Historia ambientada en los mejores días de la Pax Romana, guiños a la emigración incluidos, conforman el grueso del mensaje de un texto demasiado correcto, nunca reiterativo pero si denso, un libreto que requiere un actor al que no le tiemble la voz en ningún momento.

Sancho es un actor maduro para un texto maduro, mutilado por una adaptación que sea capaz de condensar en hora y media las páginas del libro que apareció en 1951. No hace mella en el original, es más, se enriquece gracias al hecho teatral: el monólogo ilustrado va más allá del parlamento, que se acompaña de las viñetas escenificadas que permiten una interactividad comprimida pero bien insertada en la acción, que se acompaña de un solo de danza.

Por si se atisba la duda, reincidimos en que el sostén del montaje es Sancho, un cuenta historias metido en la piel de un viejo que está de vuelta y que quisiera volver. Pero no olvidamos la austeridad en la escenografía, la iluminación y la dirección, mecanismos al servicio de la exaltación de la belleza, del verbo y el teatro, un Teatro con mayúsculas.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.